sábado, 8 de agosto de 2009




“Un dia un viejo campesino fue a ver a Dios y le dijo: Escúchame, tú eres Dios y debes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte, no eres campesino ni conoces siquiera el ABC de la agricultura, tienes algo que aprender. Dios dijo ¿Cuál es tu consejo?. El granjero respondió: Dame un año para hacer las cosas como yo quiero y veremos que pasa, te aseguro que la pobreza y el hambre no existirán mas. Dios aceptó y le concedió al campesino un año. Naturalmente éste pidió lo mejor y sólo lo mejor para su gran siembra. Ni tormentas, ni ventarrones, ni peligros para el grano. Mientras todo transcurría confortable el campesino era muy feliz, el trigo crecia altísimo, cuando quería sol, había sol, cuando quería lluvia ésta llegaba en la medida justa que hacía falta. ¡Un año perfecto! ¡matemáticamente perfecto! El trigo crecía tan alto que el campesino fue a ver a Dios y le dijo: Mira, esta vez obtendremos tanto grano que si no sembramos durante diez años, aún asi tendremos comida suficiente. Llegó el momento de la siega, pero para gran sorpresa, los granos recogidos estaban vacíos. El granjero sorprendido le preguntó a Dios: ¿Qué pasó? ¿Qué error hubo? Y Dios dijo: Como no hubo conflicto ni fricción, no hubo desafío. Tú evitaste lo que era malo y el trigo se volvió impotente, un poco de lucha es imprescindible. Las tormentas, el viento, los truenos y relámpagos son necesarios porque sacuden el alma del trigo. Dios miró al campesino con benevolencia y prosiguió La noche es tan necesaria como el día y las épocas de tristeza son tan necesarias como la felicidad. A esto se le llama verdadero aprendizaje. Entendiendo este secreto descubrirás cuán grande es la belleza de la vida, cuánta riqueza llueve sobre ti en todo momento, dejarás de sentirte miserable porque las cosas no van de acuerdo a tus deseos.”

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